Cabarcas y Ernesto se sentaron en una mesa muy cerca de la pantalla, tan cerca, que ambos debían levantar sus quijadas casi 10 centímetros para verle la cara a Zuluaga.
Un contubernio de generales, y otros oficiales de alto rango, yacen en las espaldas del se?or presidente. La bandera de Turquesia, compuesta por tres franjas; dos azul celeste y una blanca en el medio, se encuentra al lado derecho de Zuluaga, y esta cuidadosamente doblada en tres pliegues, que permiten ver el ave fénix colorada del escudo en el medio de la franja blanca.
-?Se va a armar la grande! – Le dijo Cabarcas a Ernesto mientras le coloca su mano en el hombro.
-?Shhh! – Replicó Ernesto.
Ernesto empezó a sentir en el ambiente el exordio de un evento apocalíptico que se cernía sobre él, sus amigos y su familia, incluso sobre la bella corredora. Entonces pensó: ?La volveré a ver? ?Podre alguna vez conocerla? Frunció su ce?o y se dispuso a ver a su comandante en jefe a través de la televisión.
-?Repito! No permitiré desordenes – Volvió a gemir casi gritando el presidente. – Ese tal paro... – a?adió, mientras meneó su mano de forma peyorativa –...que algunos intentan hacer, no va a tener éxito, repito: ?No va a tener éxito! - Tomo un sorbo de agua – La mayoría de ciudadanos de Turquesia somos gente de bien, que sabe que debe obedecer las leyes y el orden... - Infló sus pulmones – Porque ya lo dice nuestro escudo: "Libertad y Orden"...
-?Esta asustado! – Le digo Cabarcas a su compa?ero, mientras le daba codazos.
-?Shhh! ?Quieto hombre! – Gritó Ernesto.
-La ley de la flexibilización de la vida, se aprobará hoy, por unanimidad, en el congreso... - Hiso una pausa dramática - ?No hay que tener miedo! Esta ley está hecha para nuestro bien, está pensada para nuestros descendientes, nuestros hijos, nietos... - Con un gesto de su mano le pidió al camarógrafo que le hiciera un "close up" - No es verdad que tengamos que pagarle a "Montwell" por estar vivos, desde ahora ellos, que descifraron en su totalidad el genoma humano, nos cuidaran, nos mantendrán seguros, el miedo desaparecerá... créanme ciudadanos y ciudadanas de Turquesia... esto lo hacemos por el bien de nuestra especie, del planeta y de los demás animales... Turquesia es la pionera en el mundo, pero pronto, se nos unirán más y más países, porque todos saben que este es un paso necesario si queremos que la especie humana sobreviva a los retos difíciles que se ciernen sobre todos.
Los militares tras de él aplaudieron como monos entrenados.
-Ahora sí, se armó el mierdero – Dijo Cabarcas a otro compa?ero que está sentado a su otro lado.
Ernesto los miro, con preocupación se tomó su cabeza con ambas manos.
-?Tranquilo hombre! – Le musitó Cabarcas al oído. – Para esto es que nos han entrenado.
-Eso es lo que me preocupa – contestó entre dientes Ernesto.
VIII
Inmerso en un desasosiego mental, Ernesto escucha, o por lo menos intenta escuchar, las órdenes que desde un púlpito, parecido al de una iglesia o sinagoga, da su teniente, el líder de su pelotón. Su mente va y viene como un columpio mecido por las bravas brisas de una tarde de invierno en algún lugar del ecuador. Se conecta y desconecta de la realidad, flashes de su vida pasan por enfrente de sus ojos. Lo que fue, lo que pudo ser, todo en uno, en un ineluctable desfile de imágenes que lo arrastran como un furioso rio crecido. Ernesto intenta descifrar su mente. ?Por qué odia el sistema? ?Por qué lo defiende? ?Por qué envidia a la gente que odia? ?Por qué ese interminable deseo sexual lo inunda y lo controla? Desesperado se tomó su cabeza con sus manos. En ese momento le pareció escuchar a su compa?ero decirle unas palabras de aliento, algo así como un: "Tranquilo viejo, todo va estar bien". Aunque no estaba seguro, pudo también haberlas imaginado. En ese momento, Ernesto, ya no estaba seguro si estaba so?ando o estaba realmente en aquella sala escuchando órdenes de su superior inmediato.
-Haremos una herradura... – Dijo el teniente Lillo, formando una improvisada C mayúscula con una de sus manos - alrededor del palacio presidencial.
-?A cuantas cuadras de distancia del palacio, mi teniente? - Preguntó alguien en la parte de atrás.
- 4 Cuadras – Contestó tajante el teniente.
Ernesto cerró sus ojos y volvió a viajar al interior de su subconsciente; la imagen de su mujer enjabonada lo atropelló; la espuma blanca cayendo lentamente por las curvas de su vientre, los senos brillantes por el agua, al cabello mojado en la espalda formando una flecha que se?ala directo a su redondo trasero rosado. Suspiró lentamente, su boca se hiso agua, la bestia dormida entre sus piernas se levantó. Yo solo quiero tener sexo, no quiero estar aquí, se dijo suavemente como si se estuviera auto hipnotizando, y no le importó si alguien lo escuchó o no. Otra vez imaginó, o escuchó que su compa?ero le dijo algo, aunque no supo qué, pero supuso, en medio de su viaje que fue algún chiste sobre las curvas de su esposa, uno de las tantas bromas matizadas de envidia que solía hacer Cabarcas sobre el cuerpo de la mujer de su amigo.