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Mi Teniente, ?No Quiero Golpear A Mi Pueblo!
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Chapter 2 No.2

-Si – contestó ella, mientras se soba su talón.

-?Cómo te llamas? – Preguntó él.

-Laura – Contestó ella, mientras se pone de pies.

-Yo, Ernesto... - Balbuceó torpemente.

-?Por qué estás tan nervioso? ?Te pongo nervioso?

-Bueno, no... si...

Hubo un silencio incomodo entre ambos por unos segundos.

-Debo confesarte... – Rompió el silencio ella, a su vez que juega con su cabello – que estaba esperando a verte hoy, pero como no te vi venir, me escondí tras un árbol para esperarte...

-?Que coincidencia! – Contestó él, lleno de un entusiasmo inusitado.

El teléfono de ella suena. La joven se excusa ante Ernesto con una sonrisa y se alega de él unos metros para contestarlo. La joven no contesta con una; "Hola", ella le dice muy seria a su interlocutor; "Si, si, si tengo ya conseguí el mapa, nos vemos". Tras una corta conversación de no más de un minuto, ella regresa con Ernesto.

-Lo siento, debo irme, era mi manager... tengo trabajo – Se le acerca y le da un beso en la mejilla – Pero, oye, nos vemos ma?ana a la misma hora... o tal vez antes si todo me sale bien.

-Supongo que si – Asiente Ernesto.

La chica se alega corriendo, mientras Ernesto hace pucheros.

Con frustración, Ernesto introduce la llave en la ranura de la puerta de su apartamento, esta simple acción lo hace excitarse, se imagina a la bella corredora, que salió en su novela favorita, gimiendo cuando él introdujese su "llave" en la "ranura" de ella. Sudando a causa de sus sucios deseos entra en su apartamento, aun sus ni?as están durmiendo, y Diana prepara café en la cocina.

Poseído por su insaciable deseo sexual se acerca a su mujer y la carga como si ella fuera una mu?eca.

-?Otra vez! – Protesta ella, algo contrariada – Las ni?as están por despertarse.

Pero Ernesto hace caso omiso a la protesta de su mujer. La lleva a la habitación, la desnuda con prontitud, y le hace el amor con rudeza, mientras tiene en su cabeza el recuerdo de la bella corredora besándolo en la mejilla.

III

Mientras Ernesto devora su desayuno en la cocina. Sus hijas corren en círculos alrededor de él como satélites orbitando una estrella. Una de las ni?as le ense?a al padre un dibujo: en la pintura se ve una familia compuesta por un hombre y tres mujeres. ?Es nuestra familia? No es cierto, preciosa. Le dice el orgulloso padre a su peque?a hija. Ella contesta sonriendo y agitando su cabeza con felicidad. La otra gemela le ense?a el mismo dibujo, pero esta vez en un bosque. La imagen de la corredora irrumpe en la mente de Ernesto. Su hija, por alguna razón, dibujó a la familia en un paisaje muy similar a la curva del bosque en donde se encuentra con la bella corredora todos los días. Ernesto se queda pensativo, un enorme deseo sexual se apodera de él otra vez.

-?Papi...? ?Te gusta?- Cuestionó la gemela.

-Si amor, me encanta, ?Me encanta todo lo que ustedes dos dibujan! – Contestó Ernesto.

En un arranque de arrechera, Ernesto se pone de pies y rápidamente se dirige al cuarto de ba?o, en donde su bella esposa toma su ba?o matutino. La mujer al escuchar la puerta abrirse, enseguida protestó: ?Ni se le ocurra Ernesto! ?Tengo que irme a trabajar!

Rega?ado como un ni?o, Ernesto vuelve a terminar su desayuno. Su esposa entra en la cocina con la toalla enrollando su voluptuoso cuerpo. Ernesto se emocionó.

-?Cambio de opinión? – Le preguntó emocionado.

-?No! - Contestó ella, frunciendo su ce?o, acto seguido abrió la nevera y saco una botella con un líquido verde. – Solo vine por mi tratamiento para el cabello. Repuso.

A Ernesto le llamo la atención el gran número de botellas de gaseosa vacía que hay en la nevera.

-?Por qué tiene tantas botellas vacías en la nevera? – Preguntó con cierta suspicacia.

Su esposa dudo unos segundos buscando una respuesta que no produjera más preguntas de su hombre. Sus hijas toman mucha gaseosa. Le dijo. Yo las guardo y luego las llevo a la tienda, así me hacen un gran descuento. Luego, sin míralo, salió con rumbo al ba?o.

IV

Frustrado por no haber tenido otro encuentro sexual con su mujer, el joven policía sale de su casa con rumbo a la parada en donde todas las ma?anas toma el bus para ir a su lugar de trabajo. Esa ma?ana la parada lucia inusualmente vacía. Todos los días dicha parada parece un centro de encuentro comunal en donde los vecinos se dan los buenos días. ?Claro! Por las protestas que habrá hoy muchos colegios no abrirán. Dijo en voz alta.

Alguien más llego a la parada del bus. Es su vecino, su odiado vecino del apartamento del al lado. El joven anarquista, como suele llamarlo en tono despectivo Ernesto. Ambos hombres se saludaron levantando ligeramente sus quijadas, mientras fruncían sus ce?os, como viejo enemigos. Automáticamente, Ernesto fija su mirada en el maletín que lleva el joven, pues parece que lleva muchas botellas en él. El muchacho se da cuenta de la mirada inquisitoria del uniformado, así que coloca el maletín entre sus piernas para alejarlo de la mirada del policía. Se escucha el sonido de botellas vacías chocar entre sí.

-?Qué lleva ahí? –Preguntó con sorna Ernesto.

-Cosas... – Respondió abúlico el joven.

-?Cosas? – Repreguntó Ernesto cruzándose de brazos.

- Si, Cosas. – Contestó el joven aumentando el volumen de su voz.

En ese momento el bus llega, el joven vecino respira aliviado.

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