Ernesto se hace a un lado, y le permite el paso a rega?adientes. El joven le paga al chofer y se adentra en el bus. Para su desgracia el bus va vacío, Ernesto y él serán los únicos en el vehículo, por lo menos hasta la próxima parada, que está a más de 8 cuadras en línea recta. El muchacho se sienta en la última banca colocando con suavidad su maletín en el suelo. Ernesto se sienta en la banca que está justo delante.
El joven resopla como caballo, claramente le molesta la elección de banca que hiso Ernesto. El policía se da la vuelta y le dice: "Qué, ?No le gusto que me haya sentado aquí?"
-Este es un país libre y usted se puede sentar en donde le plazca – Contestó.
-Sí, es un país libre – Digo Ernesto volviendo su mirada al frente – Y, es un país libre gracias a nosotros los policías y soldados. Nosotros proveemos la libertad de la cual gente como usted goza.
-No, mi libertad no depende del estado y sus fuerzas armadas, yo nací libre. – Contestó el joven tartamudeando un poco.
Ante la respuesta, Ernesto solo atina a negar con su cabeza.
Hubo un silencio tras la respuesta que el joven le dio a Ernesto, fue un silencio ensordecedor, incómodo y perturbador. El chofer se detuvo en los tres semáforos que separan a una parada de la otra, haciendo más largo el viaje.
Al fin la siguiente parada apareció en el horizonte, el joven se levantó como si tuviera un resorte en sus posaderas, y caminó dando largas zancadas hacia la puerta trasera. La puerta del bus se abrió, él se apresuró a salir.
-?Fernando! – Le gritó Ernesto a su vecino.
Fernando se frenó en seco, con su pie izquierdo fuera del bus, y lentamente giro su cabeza hacia Ernesto.
-?Que tenga un buen día! – Le dijo con tono irónico.
Fernando asintió y luego salió como alma que lleva el diablo. Las botellas vacías resonaban en su maletín.
V
Al salir Fernando, un grupo de jóvenes, de entre 18 y 20 a?os, entran al bus. Cinco hombres y cuatro mujeres, acampanados de un hombre de unos 30 a?os, largo y flacuchento. Todos vestidos de negro y con dise?os anarquistas en sus franelas. El hombre mayor les se?ala al resto del grupo la parte de atrás del bus. Obedientes, todos se fueron a sentar a atrás. El hombre se sentó al lado de Ernesto. El policía hiso un gesto de clara desaprobación, suspirando con fuerza.
-Bueno días – Dijo el hombre al sentarse.
Ernesto no emitió sonido alguno.
-?Se preparan para la represión? – Preguntó con cierta sorna.
-??Qué?! – Contestó molesto Ernesto.
-Usted es del escuadrón antimotines, ?No es así? – Dijo el sujeto se?alando la insignia que lleva Ernesto en su uniforme.
Ernesto volvió su mirada hacia el frente, sin a?adir nada a la insinuación del individuo.
-Supongo que si... - Dijo el joven también dirigiendo su mirada al frente – Mi nombre es Federico, por cierto – Dijo extendiendo su mano. Ernesto no extendió la suya. – Suspiró, retiró su mano y luego A?adió: siempre me he preguntado... ?Qué es lo que les ense?an a ustedes allá en la policía, que salen con tanto placer a repartir bolillo?
Ernesto frunció su ce?o, pero siguió sin decir nada.
-Se ve que ustedes lo disfrutan – A?adió con una sonrisa en sus labios – Ustedes son como... - Dudó un poco, buscando las palabras adecuadas para completar su idea – son como, las gallinas... ?Sabe? – Miró de reojo a Ernesto, el cual seguía con su mirada al frente.
Los jóvenes que se sentaron atrás, empezaron a gritar consignas a favor de una revolución. Ernesto se puso de pies.
-Las gallinas tienen un orden... -Le dijo Federico mirando a Ernesto – Siéntese amigo mío, que yo no le voy a hacer nada.
-Me da permiso, por favor – Dijo Ernesto mostrando falsa cortesía.
-?No quiere que le cuente la historia de las gallinas? El orden del picotazo...
-?Deme permiso! - Gritó Ernesto.
El chofer miro hacia atrás y detuvo el bus. ?Qué está pasando allá atrás? Preguntó.
El joven le dio paso a Ernesto. El joven policía caminó hacia el frente y se sentó en la primera silla, justo detrás del chofer.
El joven se levantó, alzo sus dos brazos y formo una V con ellos. ?Hoy habrá una protesta! Sus compa?eros dijeron lo mismo como si fueran un grupo que canta a capela. ?Pero esta será diferente! ?No permitiremos que la Elite nos quite nuestra humanidad! ?Si es necesario moriremos en las calles, pero detendremos a Montwell!
Los demás jóvenes de pusieron de pies y gritaron: ?Correrá sangre! ?Las calles se transformaran en ríos de sangre!
Ernesto le murmuro algo al oído al chofer. Este detuvo el bus y le abrió la puerta. Ernesto salió en el acto.
-?Cobardes! ?Son unos cobardes! Cuando están solos huyen... - Le gritaron todos al unísono.
-?Sera mejor que se calmen, o los bajo del bus! – Gritó el chofer.
Ernesto le hiso la parada a un taxi, que confidencialmente, se detuvo detrás del bus. Antes de subirse en él carro, hiso contacto visual con Federico. Ambos se miraron como si hubieran dicho: "Esto no termina aquí". Ernesto se subió al taxi dando un portazo.