Cerró la noche lluviosa y triste. Por los balcones del palacio de los duques empezaron a divisarse, tendidas en doble fila a lo largo de las calles, luces de gas temblorosas y amarillentas, que se reflejaban como en un espejo en las húmedas losas de las aceras. Los caballetes de los tejados, las buhardillas, las chimeneas, destacaban las líneas de