A sí llegó para Lázaro el momento decisivo de la lucha, el instante supremo en que las vacilaciones y las dudas habían de resolverse, informando en uno u otro sentido una resolución que decidiera de su vida.
La inexperiencia de la edad y la docilidad de la ignorancia le hicieron, casi ni?o, aceptar con alegría una misión, a la cual pensó dedicar